Escocido aun por el viernes me encuentro este sábado. Y cuando hablo de escocido lo digo en dos sentidos, uno fisiológico, que tendrá remedio si cambio un poco la postura, coso el coulotte o modifico la forma de pedalear. Y otro moral, pues lo que en un principio me hizo gracia, y bastante, al día siguiente lo veo como un fallo pueril, como los miles que cometo.
Con el ánimo de desquitarme, y por más que nos hayamos ido de fin de semana, deslizo en la bolsa de playa unas gafas y el bañador del club. Las zapatillas y la ropa de correr no cuentan porque estas hace años que forman parte del equipaje obligatorio.
Así que el sábado, que es un día espectacular, a eso de la una, cambio mi bañador de persona respetable por el de entrenar. Que enseña más cacha y más blancuras, que atraen poco y que se sienten un poco fuera de lugar en esta playa en la que hay gente variopinta, tirando a dominguera, algún aprendiz de programas de telecinco y unos surferos.
De esta guisa, y con unas gafas mucho más transparentes que las que llevo casi siempre, empiezo a nadar. Unos treinta metros hacia dentro, no más, que el mar tira, y paralelo a la costa, desde Casa Eduardo hasta Costa Ballena, y la vuelta. El mar está transparente, como pocas veces en esta costa, y eso me permite ver la trazada de mi brazo, la estela de burbujas, el agarre que realizo. He estado en pocas clases de técnica, pero intento aplicar los consejos, estirar la brazada, aprovechar el rolido, llevar la cabeza hacia abajo para no levantar la espalda ni el culo, aumentar la cadencia de brazada sin acortarla. Y creo que lo hago bien. Sé que hay mucho donde mejorar, pero esta vez nado bien. Eso creo, no tengo a nadie que me vea.
Al salir del agua me noto mareado y pienso que es por el oleaje o por el agua que me ha entrado en los oídos, pero empiezo a notar algo raro. Es un frío inmenso, el cuerpo cortado, la sensación de no saber bien donde estoy. Y no me cuadra. El día está estupendo, estoy en Las Tres Piedras. Estoy con mi familia. Me siento y me doy cuenta de que se me ha dormido la mano derecha. Y reacciono, lo que tengo es hipotermia. He nadado cuarenta minutos y no sé la temperatura del agua, pero está fría, más allá, adentro, que en la orilla. La masa de agua es más profunda y se está moviendo, por mucho que la superficie se caliente, estamos a primeros de mayo y hay un fondo frío, de ahí esas corrientes de convección congeladas que atravesaba.
Entonces descubro que el neopreno es necesario por algo. Y que sea obligatorio en las pruebas en las que la temperatura del agua es baja. Por más que la temperatura exterior sea alta.
Me recupero pronto. Aunque me lleve una pequeña bronca, primero por nadar con esa temperatura, segundo porque creen que estoy obsesionado. Pero no pasa de ahí, es un fin de semana de descanso, estamos bien, hay sol, buscamos la cerveza, el pescado a la brasa, estar juntos. Y yo tengo mis cosas, como todos. ¡Como si no me conocieran!
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