Este puente me deja en la cabeza algunas reflexiones, de todo tipo y de toda índole. No son muchas, pues como dije el otro día a un amigo, ni con oxígeno, ni sin oxígeno, pensar me cuesta. Y lo que sí puede que haga sea adornar las pocas ideas que tengo; pues si me llamaron el otro día el filósofo, será más por darles coba a las ideas que por generarlas.
El jueves me invitaron a un curso para aprender a escribir, para que mis escritos tengan una mayor repercusión en las redes sociales o en los medios; al fin y al cabo para alcanzar mayor notoriedad y difusión. Me gustó la idea, primero porque quien me invitó ha debido notar mi afición a escribir, ¿tanto se me nota?, y segundo porque jamás he seguido curso alguno sobre esto. Muchas veces he pensado en qué hace un ingeniero mediocre escribiendo, redactando, atreviéndose con poemas y demás; y me encuentro fuera de lugar. Pero eso me pasa con casi todo, me siento muchas veces como un francotirador. Ya sea en el deporte, en la escritura, en la cocina, en el trabajo o en la feria. Por tanto, hay algo en mí que se somete siempre a un examen, que piensa que hay que superar una prueba, estar preparándose siempre. Me gustó la idea, haré el curso en otro momento. Aunque mi objetivo no es alcanzar a un público más amplio, sino hacerlo mejor, para mí y para las personas que tienen a bien usar un poco de su tiempo para leerme.
De esta idea salto a otra, de la forma en la que entiendo la escritura entiendo también el deporte. Ayer aconsejaron a un compañero hacer del triatlon una forma de vida, comprometerse, así conseguiría los objetivos. Yo no he hecho esto, ni sé si puedo, o quiero. La vida se compone de muchas cosas, y existen asuntos que están por encima de la práctica deportiva. Sé que es repetitivo, pero no hago triatlon para conseguir marcas o puestos, aunque claro que quiero hacerlo mejor, tardar menos, sentirme más rápido. Hago triatlon para sentirme bien. Según mi mujer estoy obsesionado y es porque si voy a la playa me llevo el neopreno y nado, si voy a la sierra lo mismo con la bici o si cogemos un hotel o hacemos un viaje por ahí, de forma disimulada siempre van en la maleta las zapatillas, el bañador o ambos. Mi forma de comprometerme ha sido incorporar el triatlon a mi vida, intentando, con pequeños roces que a veces causan heridas, que no sea un lastre para todo lo demás. Que nadie entienda que desdeño a quienes han tomado otros caminos, no, incluso me parecen mejores que el mío. Pero a mí esto ya me ha pillado con la vida hecha, y no es cuestión de deshacerla. Me basta con hacerle unos huequecitos.
He mencionado el neopreno. Descubrí que en este deporte lo que se necesita, se necesita. Es verdad que el otro día nadé solo con bañador y gafas. Me habría venido bien llevar un gorro, eso es seguro. ¿Y qué contar si hubiera tenido el traje de neopreno? Se frivoliza con determinadas cosas: el neopreno, las zapatillas, la bici, los masajes, los calcetines o los acoples. Sin tener la disposición desaforada de los runners de nuevo cuño, todo lo que he contado es necesario para realizar este deporte con garantías para la salud. Es posible que no sea necesario, posible no, seguro, irse a los elementos más altos de cada gama, ni invertir una millonada en cada bici, ni llevar la última moda en pantalones. Pero protegerse de cara a golpes de calor, de frío, caídas, lesiones del pie, de los isquios, las caderas, la piel o los ojos no es de ser más o menos duro, es solo de ser sensatos.
El filósofo. A Valdano, el entrenador, lo llamaban así. Y este contaba cuando un delantero o un equipo justificaban una mala racha goleadora en la mala suerte, que la mala suerte, la falta de puntería se contrarrestaban con trabajo, con entrenar más y mejor, con estar concentrado. Yo cometo muchos despistes, y eso tiene un nombre y no es mala suerte, es falta de concentración. Si analizo tan solo el viernes puedo darme cuenta de que los errores cometidos al inflar las ruedas, dejar el freno abierto, dar por sentado que iba con el plato grande son faltas de concentración. Y no hay excusas, yo sé que hay una motivación derivada de mis prisas por llegar a la hora, por la idea de estar a la altura, pero hay más culpa en no descansar lo suficiente, en no dormir las horas necesarias que en lo demás.
Y la última cuestión tiene que ver con la idea de puente. Que habrá sido para muchos, pero no para nosotros. Inma tiene un trabajo y un turno puñeteros, y eso condiciona muchas cosas: la disponibilidad, la posibilidad de estar en determinados lugares o días, la forma de entender el ocio y el descanso… Es verdad. Por contra, salirse de los parámetros y los horarios habituales nos ha dado también muchas oportunidades de disfrutar de determinadas cosas a deshora, sin gente, sin agobios. Esta forma de vivir el trabajo es vocacional, requiere de disposición, de ánimo, de sacrificio, de fuerza, de ganas de que los que lo necesitan estén cuidados. Yo vivo con una atleta de élite, quizás no nada, pero corre como nadie para atender una urgencia, para suturar una herida, para cuidarnos también a nosotros cuando lo necesitamos. Ella a lo mejor no lo sabe, pero la admiro. Porque un triatlon o un maratón no son nada comparados con las noches en vela pendientes de la salud de los demás. Y esto no es retórica, es una simple verdad.
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