Cada día el Maratón y la Nocturna se parecen más. La cantidad de gente, la ilusión, el esfuerzo, la motivación y la ciudad las acercan. Podría decir que incluso el olor de ese corredor que todos conocemos es igual de insoportable, es posible que las prendas que lleve sean las mismas y que no haya habido un agua salvadora entre carreras.
Cada día el Maratón y la Nocturna se parecen menos. La algarabía de la carrera de septiembre no tiene nada que ver con la pisada de las gacelas que corren en febrero, estilismo en la estilista Sevilla, arte puro de ébano, de, como dice José Luis, raza. Raza superior, sin duda, la de ellos.
A ambas las llaman las Fiestas del Deporte. Yo tengo claro cual de ellas es deporte y cual de ellas es un espectáculo para corredores de apps. Runners, así se llaman ahora.
Y ahí entre las once mil historias de este maratón han estado las nuestras, las mil camisetas isbiliyas, repartiendo color y calidad sobre este asfalto que han pisado mil veces.
Yo no me conozco todas las hazañas, pero sé que salvo para nuestro amigo David, que ya le vale y podría dejar descansar al perro, ha habido dolor y sufrimiento, coraje y ganas de decir, aquí estamos, miradnos. Y ahí han estado todos los locos del asfalto, los tragakilómetros, cada uno con su historia, con su carga, con...¿quién sabe con qué?. A veces ni ellos lo saben.
Yo no me conozco todas las hazañas, pero sé que salvo para nuestro amigo David, que ya le vale y podría dejar descansar al perro, ha habido dolor y sufrimiento, coraje y ganas de decir, aquí estamos, miradnos. Y ahí han estado todos los locos del asfalto, los tragakilómetros, cada uno con su historia, con su carga, con...¿quién sabe con qué?. A veces ni ellos lo saben.
Otros compañeros han arrasado en Extremadura. Nuestro pequeño gran compañero, Igor, demuestra que es madera noble, que se está tallando poco a poco, que será dentro de nada capitán isbiliyo. Es verdad, y que me perdonen si hablo menos de ellos, pero es que me enamora el maratón. Me enamoró hace mil años y hace cien que decidí correr el primero, hice mal pues su gusanillo no abandona nunca.
Ha habido mil historias. Mil. Conozco la de José Luis, que vamos a ver, vamos a ver, por poco no baja de las tres horas. La de Álvaro, que descubrió la dureza y la belleza, y que ya ha mordido la manzana...si hubiera ido más rápido, la marca no se me escapa, ha grabado en su alma. David, el grande, hizo un carrerón y encima me disculpa la broma sobre su perro. Mil historias, mil, y unos kilómetros en las piernas que no son kilómetros cualquiera, son de maratón.
Mi historia, la mía, o hable usted de la suya, ha sido una más. Y si el maratón es metáfora de la vida podría decir que hoy ha sido un torbellino en el que me he perdido y del que no sé cómo salir. La primavera ha llegado y yo debo ahora hibernar y encontrarme. Permitidme mi salida por un tiempo del foro, de la carrera.
Vuestras historias las novecientas noventa y nueve han sido hermosas. Hermosas y rojas.
La primavera ha llegado. El fruto rojo ha madurado.
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