lunes, 22 de mayo de 2023

TRIATLÓN AÑO 0. UN DEJA VÛ

Hace 7 años justos hice mi primer Triatlón. De eso debemos tener un recuerdo imborrable tres personas: mi compañero, al que llevé en la bici y en la carrera y me dio un palo en la rampa de entrada; la chica que subió al podio en tercer lugar gracias a que se equivocaron en el reparto de dorsales y me dieron a mí el que le correspondía a ella; y yo mismo, que descubrí un mundo que se me antojaba imposible y que ahora conozco y sé que no lo es, es tan solo un poco inalcanzable.

Hace 7 años hice el triatlón tras salir de una neumonía a destiempo que me dejó baldado. Ayer hice el mismo triatlón después de una serie de desdichadas desdichas y desafortunadas intervenciones y recaídas. Lo hice sin varios tendones de la mano derecha, sin varios músculos del dedo y,  como siempre, con cierta dosis de despiste. El mismo sábado perdí la férula que sostiene mi mano. Al final​ apareció, gracias a que, si hace siete años tenía un compañero que me pegó un palo, ahora conozco a muchos de ese mundo inalcanzable que es el triatlón capaces de recogerme y apoyarme tras una caída, de animarme y de ayudarme a recuperar tanto el aliento como una prótesis. Y que no te pegan un palo a destiempo. 

Hace 7 años parece un periodo de tiempo enorme, pero se pasa muy deprisa, demasiado. Mis hijas han  crecido a una velocidad de vértigo y se han convertido en el esbozo de quienes serán en un futuro, un esbozo ya de líneas marcadas y fuertes pero con algunas indeficiones y cuestiones que deben relegar o incorporar a sus vidas. Y hablo de ellas porque hablar de mí, de mi pareja, de mi familia es hablar de otra cosa, que pasa el tiempo y nos marca, pero que eso no es crecer sino otra cosa que me da miedo nombrar. 

Hace 7 años que di un giro a la tuerca que marca mi actividad deportiva. A veces, al apretar una tuerca nos pasamos de rosca, y otras el ajuste es perfecto. Así me ha pasado con mi decisión, en unas épocas he vivido la holgura de algo mal ajustado, de un baile entre mi vida y mi afición, entre mis obligaciones tan alajedas de la vida deportiva y el deporte, que me he hecho daño. Un daño real, inteno, lacerante. Pero, ¡vive Dios!, cuando el ajuste ha sido bueno lo he vivido con plenitud aunque no haya sido en competición. Ha sido un camino bonito con días de calor y sol, con nieblas y lluvias, y fríos, con carreteras que son siempre la misma y distintas, con carreras en un circuito pero que me han hecho transportarme muy lejos, con espuma de pies que no se escapa o perseguir la ola que he ido creando cuando he podido abrir calle. Han sido días muy bonitos, todos fundidos en un solo recuerdo, en un solo día como si fuera un vídeo recopilatorio. Aunque no haya nada registrado, aunque mis marcas estén en un limbo electrónico, en relojes muertos, todo está en mí, en mi cuerpo, en mi cabeza, en mi memoria, como atacar naves en llamas más allá de la Puerta de Tanhäuser. 

========================================================

Hace ya 7 años que hizo 7 años de lo que contaba, y la sensación es la misma que entonces, siempre lo estoy dejando y siempre estoy volviendo, pero, por muchas circunstancias, el triatlón, como el baloncesto, pase lo que pase a partir de hoy, son parte de mi vida. Y son de esa parte íntima en la que uno conoce sus límites y los supera. Con el baloncesto busqué desde el principio algo que no sabía qué era, pero que, al final, encontré: una forma de belleza. Eso es lo único que me falta por encontrar en el triatlón, esa belleza basada en el dominio técnico y amparada en un gran estado de forma. Si tengo suerte, dentro de 7 años contaré si la he hallado.      





No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sea respetuoso con el resto de lectores.
Me interesa su opinión y agradezco sus comentarios.